Borges…

•agosto 9, 2007 • Dejar un comentario

He leaves…

“Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta
ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña,
ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios
serán favor tan misterioso
como mirar tu sueño implicado
en la vigilia de mis brazos.
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige,
me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes.
Arrojado a quietud,
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré por vez primera, quizá
como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo,
sin el amor, sin mí.”
Jorge Luis Borges

Kafka, carta al padre

•agosto 8, 2007 • Dejar un comentario

“No es necesario llegar hasta el centro del sol, pèro si arrastrarse hasta un lugarcito que esté limpio y donde a ratos brille el sol y donde uno pueda calentarse un poco”

Franz Kafka- Carta al padre

•julio 28, 2007 • Dejar un comentario

hojas secas

¿MORIMOS?

La muerte, un misterio inconmensurable que nos ha preocupado desde comienzos de nuestra existencia, un paseo inevitable que todos los seres humanos debemos atravesar y que no distingue raza o nación. Muchas veces ocurre de forma violenta como a Héctor Abad Gómez, otras, llega tranquila y serena como la brisa del mar en un muelle. En este ensayo especularé un poco acerca de ella, ya que soy solo un mortal más que se atreve a hablar de la única testigo que queda después de nuestro paso por este mundo, y a su vez dejaré claro por qué ésta no debe preocuparnos, ya que está escrita en nuestro destino desde el día en que nacemos:

“Sabe que no es un dios y que es un hombre que muere con el día.”[1]

El hablar de la muerte es una empresa difícil. En primera instancia porque en nuestra condición de humanos, éste estado inevitable toca toda nuestra sensibilidad, lo que nos hace verla de una manera totalmente subjetiva. En segunda instancia, por el sufrimiento (implantado a nivel cultural) que esta conlleva.

Las personas han implantado todo un sistema de duelo que hace ver a la muerte como la malvada que se lleva a nuestros seres queridos, el destino cruel y despiadado de todos los seres humanos que acaba con una vida de luchas y esfuerzos. Pero, ¿no podría ser el premio a una vida de luchas y esfuerzos? ¿El contemplar la eternidad no será el motivo más grande por que el que debemos luchar? ¿ Acaso el saber que es completamente factible que pase en algún momento no nos hará caer en cuenta que ese tiempo que tenemos es limitado, y por ende lo deberíamos usar para amar, disfrutar a las personas y las cosas que hacemos? Epícteto decía que La fuente de todas las miserias para el hombre no es la muerte, sino el miedo a la muerte. A su vez decía que no había que lamentarse por haber perdido al ser querido. Sino agradecer el tiempo que estuvo a tu lado y su retorno a su esencia. Pero lamentablemente no lo hacemos. Es mejor culpar a alguien así ese alguien no sea humano.

Víctor Frankl[2], psiquiatra Australiano decía “La muerte como final de tiempo que se vive sólo puede causar pavor a quien no sabe llenar el tiempo que le es dado a vivir” y por eso nos aterra la idea de morir.

Siempre estamos quejándonos de los demás, de sus acciones HUMANAS como las nuestras, despreciando su cariño, evadiendo una charla que puede ser la última “porque el tiempo apremia”. ¿Pero que es el tiempo? Borges alguna vez dijo que “La eternidad está en las cosas del tiempo” y el mismo Goethe en su afán por conocer la brecha entre lo científico y lo místico; su música (hubiera sido uno de los mejores compositores de su época) y sus múltiples obligaciones decía “Cada momento es único”. [3] Lo difícil es encontrar ese espacio cerrado en el que pensamos que escuchar al otro o no hacer algo productivo es una pérdida de tiempo. Héctor abad Gómez tenía muy claro que el dedicar una parte de su vida a sus hijos no era una pérdida de tiempo y que los afanes de la vida cotidiana no recompensaban cada noche entre su familia: “Tranquila, hermanita, que para todo hay un tiempo”[4]. Éste personaje supo cual era su tiempo y lo aprovechó al máximo hasta el día en que la misma muerte le avisó que era la hora y lo motivó a escribir “el epitafio de Borges copiado de su puño y letra salpicado de Sangre: “Ya somos el olvido que seremos”.[5]


¿Por qué morimos?

Morimos por una simple razón, porque somos un cuerpo corrompible, corroíble que no está impregnado completamente de gracia divina y que tiene un período de tiempo para perpetuarse en la tierra, somos una planta parlante/pensante con el alma vegetativa que planteó Aristóteles que da frutos y riega raíces. Morimos por la simple razón de que no somos indispensables en la tierra; somos seres transitorios que venimos a cumplir una misión en un tiempo y lugar determinados; facultados con otros dos tipos de alma que nos hacen seres privilegiados (sensitiva e intelectiva), la trascendencia de nuestra alma consiste en dejar una semilla, un pensamiento o algo que nos haga realmente inmortales a través del tiempo en la memoria de otros.

“No es la muerte la que disuelve el amor, es la vida la que disuelve el amor”.[6]

Morir es una cuestión subjetiva. Todos los días morimos, para unos, para otros… morimos en la mirada de aquel que nos olvida, morimos en la mente de aquel que encuentra a alguien mejor, aquel que ya no ama, aquel que desprecia, aquel que irrespeta. Aquel que pierde las ilusiones de vivir, aquel a quien se las roban.

¿Qué sucede en la muerte?

Según una definición de Internet:

La muerte consiste en la separación del alma y el cuerpo. Tiene lugar cuando el cuerpo se deteriora tanto que el alma es incapaz de mantenerlo en vida. Entonces se produce la ruptura. El cuerpo sin alma pasa a ser un cadáver. En cambio, el alma se dirige a su destino.”[7]

Personalmente, creo que el alma se queda entre los humanos, se queda en la memoria de las personas, se queda en los recuerdos que nutren la historia de la humanidad. Cuando en el libro, Héctor Abad Faciolince hace referencia a las palabras de su padre con respecto a la muerte de su hermana como: “decía que no había existido nunca, que era solo una hermosa leyenda”[8] está dando un carácter mítico a la persona querida, la recuerda como una hermosa historia de la que hicieron parte personajes en un tiempo determinado pero que prevalece a través de él y la memoria de los aún vivientes que sobrepasa nombres y espacios físicos.

El alma no va a ningún sitio, pues es ésta la que inmortaliza un hombre en la memoria de todos los hombres. Cada vez que una persona dice una frase como “Recuerdo la confianza que papá tenía en mí. Entonces levanto los hombros y sigo adelante”[9] está resucitando en el mundo de los vivos un episodio de la vida que para siempre quedó marcado en uno de los aún presentes en él, que tendrá descendencia y pasará a los otros de su entorno y así ad infinitud.

¿En necesario preocuparnos por la muerte?

Creo que no. Cuando esté cerca la sentiremos venir como lo hizo Héctor Abad Gómez. Estamos facultados para recibir las señales que nos indican que está cercana nuestra hora de partida. La muerte no debe ser una preocupación ya que es inevitable. Nuestra verdadera preocupación es qué hacemos en vida para que nuestra muerte no sea una vela consumada, un barco sin zarpar, una canción nunca cantada. Por último, la muerte llegará a nuestro umbral el día que lo disponga, nos llevará queramos o no. No sé si preocuparnos por ella sea el sentido para el que nacimos; nacimos para amar y para prevalecer a través de la historia de la humanidad como parte del tiempo y miembros de la eternidad.

Para ver el mundo en un grano de arena,
Y el Cielo en una flor silvestre,
Abarcar el infinito en la palma de la mano
Y la eternidad en una hora.

Aquel que se liga a una alegría
Hace esfumar el fluir de la vida;
Aquél quien besa la joya cuando esta cruza su camino
Vive en el amanecer de la eternidad.”[10]



[1] BORGES, Jorge Luís. Poema “Cristo en la cruz”.

[2] Victor Frankl, Psiquiatra Australiano.

[3] Johann Wolfang von Goethe

[4] FACIOLINCE, Abad, Héctor. EL olvido que seremos. Página 30

[5]FACIOLINCE, Abad, Héctor. EL olvido que seremos. Página 245

[6] FACIOLINCE, Abad Héctor. El olvido que seremos. Página 174

[7] Wikipedia, enciclopedia online.

[8] FACIOLINCE, Abad Héctor. El olvido que seremos. Página 174

[9] FACIOLINCE, Héctor Abad. El olvido que seremos. 2006. Página 22

[10] BLAKE, William

Si… (Rudyard Kipling)

•julio 28, 2007 • 1 comentario

“Si puedes mantener tu cabeza en tu lugar
cuando todos la pierden y te echan la culpa;
Si puedes confiar en tu persona cuando todos dudan de ti,
pero a la vez también dar espacio a su duda;
Si puedes esperar y no cansarte por la espera;
O, siendo engañado, no engañar;
O, siendo odiado, no darle espacio al odio;
Y, también, no parecer tan bueno ni hablar tan inteligentemente.

Si puedes soñar y no dejar que los sueños te controlen;
Si puedes pensar pero no hacer de los pensamientos tu meta;
Si puedes relacionarte con el triunfo y el fracaso
y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
Si puedes soportar escuchar la verdad que alguna vez dijiste
tergiversada por gente mal intencionada para engañar a idiotas;
O ver deshechas las cosas por las que diste la vida
y agacharte a reconstruirlas con las herramientas desgastadas.

Si puedes juntar todo lo que ganaste y arriesgarlo todo de una vez
Y perder, y empezar de nuevo desde el principio
sin que se te escape una palabra sobre tu pérdida;
Si puedes hacer que tu corazón, tus nervios y tus músculos
te respondan mucho después de que sus fuerzas hayan desaparecido
y resistir aun cuando no hay nada dentro de vos
excepto ese deseo que te dice “¡Resistí!”

Si puedes hablarle a las multitudes y seguir siendo tu mismo,
O caminar entre reyes y no perder tu tacto;
Si ni amigos ni enemigos pueden lastimarte;
Si todos los hombres cuentan contigo, pero no demasiado;
Si puedes llenar el valiosísimo minuto
con sesenta segundos de algo que valga la pena…

Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella…”

Vals…

•julio 28, 2007 • Dejar un comentario

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Cuatro notas repetitivas en un piano viejo y olvidado creando un vals… Un sótano lleno de recuerdos y ella sentada escuchando el desconocido vals – no chopin, no es melancolía-… uno, dos, tres..¿Cuando llegará papá a prender la luz? Esta muy lejos, forjando su propio destino. ¿Qué harás tu?

Camina hacia la pared… esta blanda, su curiosidad la hace entrar en ella y encuentra un jardín… todo es tan bello y tranquilo…no siquiera los pájaros se atreven a cantar en ese lugar.

Ella corre entre los arbustos, jugando a las escondidas son su propia conciencia y unas pequeñas bailarinas danzan al ritmo del cadente vals sobre su espalda, lloran, se lamentan formando un eco con el viento, una canción de cuna: aaaaaaaa, aaaaaaaaaa, aaaaaaaaaaa! Soledad, fantasmas, miedo, libros, alegrias de la infancia sumergidas en un vaso de té que se tomarán a las 5 PM. La sangre empieza a fluir, es un gran baile y han afilado sus zapatillas para el gran festín.

La niña se queda dormida… el baile cesa y de repente, el suelo empieza a llenarse de agua y lava la sangre esparcida por doquier… va subiendo… subiendo y la niña se queda tan tranquila… tan dormida. Papá nunca llegó.

Tristeza

•julio 28, 2007 • Dejar un comentario

tristeza

La vida es el teatro de las máscaras, la obra inacabada, inconstante y siempre trágica, la comedia en medio de la desdicha, el final feliz después de la derrota.

La vida es como el humo que desprende una vela recién apagada. Se dobla y retuerce al compás del viento y luego desaparece para siempre, lástima que muchas veces tenemos la suerte de la cerilla, quien da su mayor luz para iluminar a otros y luego muere.

 La tristeza es inevitable. Recorre mi mente cual bailarina con zapatillas puntiagudas, que a  cada “Pa de boure” abren heridas.

 “La tristeza, imperecedera, inconstante pero siempre presente.”

El abrazo del viento…

•julio 28, 2007 • 2 comentarios

abrazo

Sueño con el abrazo del viento, con lo que susurra al burlarse del destino de todos los hombres y su imposibilidad de estar en todos los lugares y de volar rumbo a las tierras olvidadas en algún rincón de su memoria.

 Lo único que no sabe ése viento es que cada hombre tiene dentro de sí alas cosidas que despliega cada vez recuerda que tenemos una carrera contra el tiempo y el presente es lo único que tenemos para ser felices. Lástima que solo pase pocas veces en la vida. El resto del tiempo están recogidas esperando, esperando…

 Sueño con la posibilidad de realizar un sueño así este sacrifique todas las obligaciones,  sueño con que un día la palabra obligación muera en el mundo y la devoción por hacer cada una de nuestras actividades nos llene completamente.

 
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